En América Latina no es raro observar los esfuerzos de gobernantes por instalarse en el 'poder'. Ha sido un asunto constante de la historia política de la región.  Con carisma y apoyo en la población, gobernantes de izquierdas y derechas hacen suyo el famoso arquetipo literario creado por Augusto Roa Bastos en su novela ‘Yo, el Supremo’. El problema democrático que generan es que el aumento de esos poderes personales por lo general es proporcional a la intensidad con que restringen las libertades de los demás. 
Porque esas libertades ciudadanas son la esencia de la tradición democrática, sobre todo cuando se trata de las libertades de opositores, es que hoy inquieta el caso de Venezuela, donde opositores se enfrentan a restricciones de sus derechos políticos y a amedrentamientos desde el poder que han llevado incluso al alcalde Rosales al exilio.

En estos casos también los distintos poderes del Estado observan la propensión del ejectutivo por  la subordinación o incluso por el espionaje institucional, como sucede a los supremos en Colombia, asediados por los agentes del Presidente Álvaro Uribe, señal que también en Colombia el Presidente abriga esperanzas de continuar. Es fenómeno recurrente en la historia republicana ahora bicentenaria de la región. Así también debe ser la atención que requiere evitar estas transgresiones democráticas. 

Un grupo significativo de venezolanos ha dirigido una carta a José Miguel Insulza – abogando por el cumplimiento de la carta democrática de la OEA para Venezuela - dejándolo con ese dilema en las manos. Será interesante ver cómo se las arregla el Secretario General esta vez

La coyuntura política actual de Venezuela viene resumida en el comentario de Roberto Giusti "La fuga hacia delante de Chávez"

publicado hoy en El Universal.